
Un día para reconectar con la naturaleza
El 9 de agosto nos adentramos en el Bosque de los Hongos Azules, un lugar escondido en Morelos que parece detenido en el tiempo. Desde la salida en CDMX, todas las personitas llegaron con expectativas diversas: aprender sobre hongos, respirar aire limpio y convivir con la comunidad local. Apenas llegamos al bosque, la neblina y el aire fresco nos recordaron que estábamos entrando en un mundo distinto, donde cada detalle invita a la calma y a la observación consciente.
Tai Chi para comenzar con el pie derecho
Antes de cualquier recorrido, nos regalamos un momento de conexión cuerpo-mente con una práctica de Tai Chi por el increíble y sabio maestro de kung fu Leo (@longmenkungfu). Este inicio fue clave para recordarnos que la expedición no era una carrera ni una lista de especies por tachar, sino un ejercicio de presencia. Al ver a todos relajarse y moverse en sintonía con el entorno, entendimos que el día traería consigo un aprendizaje mucho más profundo que solo identificar hongos.
Ciencia y saberes locales en diálogo
Después de un desayuno ligero, abrimos un espacio de conversación entre ciencia y tradición. Explicamos la importancia ecológica de los hongos en los ecosistemas y cómo cada especie cumple un rol esencial para mantener el equilibrio del bosque. Al mismo tiempo, la comunidad local compartió sus experiencias y saberes ancestrales, mostrando cómo los hongos forman parte de su cultura, su cocina y su vida diaria. Este diálogo fue, para muchos, el momento en que entendieron que la etnobiología está viva y se transmite en cada historia compartida.
Durante la expedición se montó “el puesto de ciencia” donde las diferentes personas podían acercarse a curiosear, diseccionar y observar las diferentes partes de una seta u otras cosas que se encontraran en el bosque, todo fue devuelto al mismo, pues la idea es no generar un impacto ecológico en la zona 🙂
Un encuentro inesperado
Mientras recorríamos la ribera del río, concentrados en la búsqueda de hongos, la naturaleza nos regaló una sorpresa inolvidable: sobre una roca, perfectamente camuflada, apareció una Abronia deppii. Esta lagartija arborícola, endémica de México y considerada una especie amenazada, no solo se dejó ver… también se quedó quieta, como si supiera que era protagonista del momento.
En vez de huir, posó tranquila frente a nuestras cámaras, permitiéndonos observar sus escamas brillantes y su mirada curiosa. Fue un recordatorio vivo de por qué hacemos estas expediciones: no solo para aprender de hongos o plantas, sino para encontrarnos con la biodiversidad en toda su expresión. Ese instante junto al río nos unió aún más como grupo, entre sonrisas, fotos y la certeza de haber sido testigos de un encuentro que pocos tienen la fortuna de vivir.
“El bosque siempre tiene algo preparado: a veces es un hongo diminuto, a veces una Abronia que decide posar para ti.”
Caminata guiada y meditación en el río ¡Encontramos los hongos azules!
La caminata guiada fue el corazón de la expedición. Durante varias horas recorrimos senderos donde aparecieron hongos de colores, formas y texturas sorprendentes. Invitamos a cada participante a detenerse, observar y anotar sus hallazgos en libretas de campo o a tomar fotografías. La visita al río fue un descanso perfecto: ahí practicamos una breve meditación, escuchando el sonido del agua y reconociendo que el bosque también nos habla si sabemos guardar silencio.
La emblemática especie del bosque (Lactarius indigo), no suele ser muy visible ya que debido a la extracción excesiva, las personas locales suelen taparlas cuando ven una para evitar que se las lleven indebidamente, por esta razón también agradecemos mucho el acompañamiento de los guías locales.
“Cada hongo cuenta una historia: del bosque, del agua, de quienes lo han habitado siempre.”
Sabores que cuentan historias
El cierre de la expedición llegó con una comida preparada en la comunidad. Los platillos no fueron solo un deleite gastronómico, sino una lección viva de cómo la cultura y la naturaleza se encuentran en la mesa. Para muchos, este fue también el inicio de una reflexión más amplia: ¿cómo llevar lo aprendido a la vida cotidiana? Esa es la esencia de estas expediciones: no solo visitar un bosque, sino regresar transformados, con la certeza de que la ciencia y la tradición pueden caminar de la mano.
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