
Hay experiencias que no se explican con palabras, se sienten con todos los sentidos. 🌲✨ Eso fue Hongosto 2025 en Omitlán: un fin de semana donde el bosque se volvió escuela, laboratorio, cocina y comunidad al mismo tiempo.
Imagina esto: salir de la ciudad al amanecer, con el aire aún frío y la emoción colectiva de un grupo que sabe que va a vivir algo distinto. Viajar hacia las montañas de Hidalgo, donde cada curva del camino abre paisajes verdes y húmedos, hasta llegar a un festival único en México: una celebración que gira en torno a los hongos, esos organismos que conectan la vida bajo nuestros pies. No es exageración decir que desde el minuto uno supimos que sería un viaje inolvidable.
Y así fue. Porque en Omitlán no solo fuimos a aprender de hongos: fuimos a degustar su sabor en recetas únicas, observar su belleza bajo microscopio, descubrir su luz en la oscuridad del bosque y compartir saberes con una comunidad que los ha cuidado desde siempre.
🎤 Primer acto: el Festival del Hongo 2025
Nuestra aventura comenzó directo en Rocabosque, Mineral del Chico, sede del Primer Festival Internacional del Hongo 2025. Desde que bajamos del transporte nos recibió un ambiente festivo: puestos coloridos, aromas a cocina tradicional y familias enteras recorriendo las calles.
Ahí, justo como los micelios nos encontramos con Danael (@dependedelaseta_) quien es biologa experta en micología y Francis, nuestra guía local que lleva recolectando hongos en los bosques de Hidalgo desde que tiene memoria, ellas fueron piezas clave de la expedición pues entre ambas guiaban los recorridos en el festival.
Durante el festival decidimos montar “El Puesto de Ciencia”, un espacio que se volvió punto de encuentro durante todo el festival. Microscopios y lupas listos, muestras frescas de setas silvestres y guías en mano: cada persona que se acercaba podía descubrir un mundo invisible. Pequeñines asombrados al ver esporas, adultos curiosos preguntando por usos medicinales, y ese brillo en los ojos que nos recordaba que la ciencia también emociona.
El festival fue un banquete en todos los sentidos. Probamos pastes de hongos (un clásico adaptado con sabores silvestres), guisos tradicionales preparados por la comunidad y recetas que solo se encuentran aquí. Además de contar con la asistencia de chefs internacionalmente reconocidos como lo es David Jahnke quien nos preparó unos deliciosos platillos con setas silvestres comestibles. Por si fuera poco, también estuvieron presentes las personitas del proyecto Simbiosis boutique y el taller de acuarela de Color y línea. A quienes definitivamente te recomiendo seguir y conocer si te gustan las setas.
En paralelo asistimos a ponencias y exposiciones donde especialistas compartieron su visión sobre micología, gastronomía y conservación. Y al final, la clausura fue pura poesía: las setas sobrantes se lanzaron al bosque, no como desecho, sino como “semilla”. Un gesto sencillo pero poderoso para devolverle al suelo sus esporas y asegurar que el ciclo continúe. 🌱✨
“En Hidalgo, los hongos no terminan en la mesa: regresan al bosque para seguir dando vida.”
🌙 Segundo acto: el bosque que brilla de noche
Con el festival clausurado, partimos hacia Tres Cañadas para preparar el campamento. Una vez teniendo las tiendas montadas, mochilas acomodadas y lámparas listas, nos dirigimos al bosque de noche, guiados por Francis. La humedad, el sonido de grillos y el crujir de las hojas nos envolvieron en una atmósfera distinta: caminar de noche es caminar otro mundo.
Fue entonces cuando Francis nos mostró el espectáculo más mágico de la expedición: los hongos bioluminiscentes. A simple vista eran, casi imperceptibles pues con luz blanca se en como simples hongos cubiertos por hojarasca. Pero al iluminarlos con luz UV se encendieron en tonos verdes y azules que parecían estrellas atrapadas en el suelo y los troncos. ✨
El silencio del grupo lo dijo todo. Estábamos frente a un fenómeno tan raro como fascinante, una prueba de que la naturaleza tiene su propia forma de brillar. No hubo necesidad de palabras: solo miradas cómplices, fotos discretas y la certeza de que estábamos viviendo algo irrepetible.
“El bosque también guarda luces, pero solo las muestra cuando caminas con respeto.”
🌄 Tercer acto: amanecer consciente
El domingo comenzó con calma y movimiento. En medio del bosque, practicamos Tai Chi, dejando que la respiración se acompasara con el canto de las aves y el vaivén de los árboles. Fue un despertar distinto: no solo del cuerpo, también de la mente.
Después del desayuno en campo, retomamos la exploración con el recorrido diurno. Aquí fue donde colectamos setas silvestres y volvimos a observarlas bajo microscopio. Durante el recorrido conocimos diferentes especies tanto comestibles como tóxicas de Amanitas. Pero logramos identificar también las pancitas comestibles, llemitas, hongo del chile, clavitos, orejitas, hongos azules y ¡Muchos más!
Ver sus estructuras diminutas después de haberlas visto crecer en el suelo fue un ejercicio de conexión: la biología dejaba de ser abstracta para convertirse en experiencia tangible, las personitas podían tomarse su tiempo de explorar mientras recogían su camping.
🍴 Cuarto acto: Omitlán, Pueblo con Sabor
Antes de regresar a la ciudad hicimos una última parada en Omitlán, Pueblo con Sabor. Este título no es gratuito: el programa “Pueblos con Sabor” reconoce a las localidades cuya gastronomía refleja su identidad cultural. Y aquí, los hongos son protagonistas.
Comimos guisos tradicionales, tortillas calientes y recetas locales donde cada ingrediente cuenta una historia de bosque y comunidad. Cada bocado fue también una lección de etnobiología: la cocina no solo alimenta, también preserva la memoria colectiva y refuerza la relación entre la gente y su entorno.
🌟 Epílogo: lo que nos deja Hongosto
Regresamos a la CDMX cansados, pero con el corazón lleno. Hongosto 2025 nos dejó mucho más que recuerdos: nos dio un festival donde la ciencia se mezcló con la tradición, un bosque que nos mostró su luz escondida, una comunidad que nos recibió con hospitalidad y una cocina que nos enseñó que el sabor también puede ser conservación.
En esta expedición biocultural entendimos que las expediciones no son simples paseos: son experiencias transformadoras que te cambian la manera de ver el mundo. Y aunque intentemos contarlo aquí, la verdad es que hay cosas que no caben en palabras: hay que vivirlas.
Te invitamos a nuestra próxima expedición:
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